mapas

“La reconstrucción de los Centros Clandestinos de Detención se logró sobre la base de cientos de testimonios aportados por liberados que estuvieron durante un tiempo más o menos prolongado en la condición de detenidos-desaparecidos.

La asombrosa similitud entre los planos que bosquejaron los denunciantes en sus legajos y los que resultaron en definitiva del posterior relevamiento del lugar a cargo de los arquitectos y equipos técnicos que intervinieron en las inspecciones y reconocimientos efectuados por la Comisión, se explica por el necesario proceso de agudización de los otros sentidos y por todo un sistema de ritmos que la memoria almacenó minuciosamente, a partir de su “aferramiento” a la realidad y a la vida. En esos “ritmos” eran esenciales los cambios de guardias, los pasos de aviones o de trenes, las horas habituales de tortura.

En cuanto al espacio, fue determinante la memoria “corporal”: cuántos escalones debían subirse o bajarse para ir a la sala de tortura; a los cuántos pasos se debía doblar para ir al baño; qué traqueteo giro o velocidad producía el vehículo en el cual los transportaban al entrar o salir del C.C.D., etc.

(…)

En muchos de los reconocimientos realizados por la CONADEP en los C.C.D., los testigos se colocaron un pañuelo o una venda, o simplemente cerraron fuertemente los ojos para revivir ese tiempo de terror y efectuar correctamente los recorridos del dolor.”

(‘Nunca más’ – Informe de la CONADEP, 1984)

Julian Reynoso 32

Anuncios

mapas de palabras (pablo)

cada vez que trato de pensar me encuentro con la necesidad de escribir, no puedo pensar sin escribir, y cada vez que me pongo a escribir para pensar me encuentro con la necesidad de organizar los pensamientos, de clasificarlos y conectarlos con ideas afines, pensando sobre todo en que sea posible volver a trazar luego los razonamientos y las asociaciones, y cuando me encuentro con la necesidad de organizar los pensamientos me encuentro con la necesidad de organizar los soportes de esos pensamientos, de no mezclarlos, de no escribir todo en el mismo cuaderno, una cosa atrás de la otra, sino de diferenciar cuál es la finalidad de cada reflexión, de cada nota, cuándo va a ser necesario acceder a ellas de nuevo, para qué uso, y entonces cuando me encuentro con la necesidad de escribir para pensar empiezo a distribuir los pensamientos en hojas sueltas, hojas dobladas, hojas abiertas, post-its, afiches, el blog!, y, por supuesto, en el cuaderno, que intenta llevar un registro de lo que hicimos y ser un espacio para pensar las estrategias concretas sobre cómo seguir, ideas para los próximos ensayos, para que una vez puestas en el papel ya no necesite recordarlas, y pueda, si es necesario, al encontrarme con los otros cuerpos en el estudio, en el ensayo, para que pueda olvidarme de las estrategias y de las ideas, para que pueda dejarlas ir.

me resulta notable que la proliferación de soportes y papelitos no está necesariamente organizando mejor los pensamientos, pero está permitiendo la emergencia de sorpresas, el reencuentro con palabras e ideas que a veces, por accidente, se caen de entre las páginas de mi cuaderno.