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memoriar

Abordar la memoria no sólo como una colección de información, sino como una (re)activación de los afectos. La memoria, o mejor, el ejercicio de la memoria, sería (re)experimentar cómo nos afecta. No sólo nombrar las cosas, sino sentirlas. Pensar el torso, el abdomen, como cavidades de resonancia a través de las cuales las imágenes y la imaginación se mueven entre el cuerpo y el espacio.

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la metáfora, la representación (pablo)

en estos días estamos trabajando más específicamente que antes las referencias documentales sobre los desaparecidos de la dictadura. estamos leyendo más, estamos mirando muchas fotografías de la época. estamos alimentando el proceso con referencias más específicas y concretas, y hasta con procedimientos más literales, como imitar la postura de un cuerpo en una fotografía. si bien estos procedimientos son en algún sentido más cercanos a la imagen documental, al mismo tiempo no producen (ni buscan hacerlo) imágenes reconocibles. la idea no es reproducir (representar) imágenes históricas que el espectador pueda leer y reconocer. en todo caso, lo que estamos poniendo en escena es el difícil proceso de intentar conectar con esa historia a través de su documentación. hacer una reconstrucción. pero es una reconstrucción arbitraria. nuestros objetivos no son documentales, no tienen fines jurídicos, ni estrictamente educativos. (es difícil saber si vale la pena explicitar objetivos – resensibilizarnos, resensibilizar a otros? recordar? hacer un ejercicio público de la memoria? declamar, reclamar, la relevancia de la historia de los desaparecidos…). pero empieza a aparecer en forma legítima e interesante la representación. ¿qué puede representar esta obra? la dificultad, los huecos,  las ausencias, la necesidad y el desasosiego, todo lo que nos falta y lo que nos hace falta hablar de esta historia. representar lo lacunario, lo incompleto, lo imperfecto, la procesualidad de la reconstrucción. y que mientras tanto, entonces, los cuerpos evoquen, la obra evoque, que el espacio compartido sirva para que artistas y espectadores se encuentren, tal vez, con los fantasmas, que puedan percibirlos en el rabillo del ojo, por un instante, en la habitación. que puedan conmoverse, otra vez, compartir la conmoción, que puedan recordar juntos. hacer memoria. ¿se podrá pensar la obra, cada instancia de la obra, cada encuentro, como un memorial?

¿dónde estamos? (pablo)

¿en qué instancia del proceso creativo?
¿cuáles son las preocupaciones de este momento del trabajo?
¿cuáles las necesidades….?
nos encontramos en un momento específico de redefinición. como siempre.

algo de la propuesta de manipulaciones “cuajó” hace unas semanas, algo se in-corporó, y eso permitió relajar un poco la relación con ese material. el trabajo de las bailarinas alcanzó un punto que me dio confianza para soltarlo (un poco), y eso está abriendo las posibilidades de explorar otras ideas. ¿cómo llevar, por ejemplo, la resonancia del trabajo de manipulaciones a un cuerpo que se mueve solo (en soledad)? también la exploración de otras acciones, aunque apenas estamos empezando: tal vez algún trabajo con objetos (lonas, tubos, sillas, cuadernos) o la producción de texto(s). tal vez explorar otras relaciones con la música/lo musical, ya que hasta ahora hemos estado trabajando principalmente en silencio. ¿cómo será empezar a usar la voz, cantar, emitir sonidos?

el interés y receptividad para explorar otros materiales replantea la pregunta de cómo se va a componer esta obra. ¿tendrá una estructura cohesiva, alrededor de un único material y sus duraciones (y variaciones)? ¿o una de collage y yuxtaposición de imágenes y escenas diversas?

no es que la pregunta tenga que responderse ahora. implica simplemente registrar (recordar?) que aunque no todo lo que exploremos quede en la estructura de la obra, retroalimentará seguramente la práctica de las manipulaciones.

por otra parte, es un momento para profundizar la discusión alrededor de cómo puede lidiar esta obra con su temática. ¿qué puede decir sobre la desaparición? ¿por qué nosotros? ¿qué puede comunicar, y cómo, y qué más comunicará el cómo se comuniquen las cosas…? (pensando por ejemplo la diferencia entre un discurso “totalitario”, el querer controlar todos los significados de la obra, y el planteo de una obra abierta…).

en ese sentido, recientemente me encontré con un concepto que todavía no entiendo del todo, pero que me interesa: el archivo. si bien mucho de la genealogía de este proceso (y del proyecto más abarcativo, que incluye obras anteriores) abrevó de materiales documentales y de archivo (fotos, croquis, listas de nombres, descripciones de centros clandestinos, etc), estoy empezando a pensar la idea en relación a nuestro presente: ¿qué tipo de archivo estamos creando nosotros con cada práctica, con cada ensayo, con cada interacción con un espectador, con cada presentación? la pregunta enlaza con la idea de que la obra sólo puede producir algo en el presente, actualizando algo (una propuesta, una resonancia, una serie de imágenes) cada vez. al mismo tiempo está claro que no cumple una función realmente documental. no estamos capacitados para contribuir algo en ese campo. en todo caso, podemos apuntar a re-activar algo de la relación con lo documental: amplificar la vibración de lo histórico, la resonancia que tiene en el presente, ese impacto que no puede dejar de sentirse aún en la Argentina de hoy, años después de la dictadura.

re-presentar (volver a presentar), cada vez, un archivo de afectos.